| Maicao, Guajira |
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AINKÜIN - intervención lumínica en Maicao, Guajira (16 de Marzo de 2012) Bahía Portete en la Alta Guajira, habitada por comunidades indígenas Wayuu, fue sitiada el 18 de Abril de 2004 por un grupo de paramilitares del Frente Contrainsurgencia Wayuu del Bloque norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en complicidad con personas de la misma comunidad. Ese día, cuatro mujeres fueron ultrajadas y asesinadas; otras dos personas fueron desaparecidas por ellos. Los pobladores huyeron hacia Media Luna, Uribia, Maicao y Riohacha, Guajira pero en especial hacia Maracaibo, Venezuela. Allí comenzaron un proceso o intento de asentamiento. Estas ciudades son relevantes como destino luego de la expulsión porque funcionan no sólo como punto de encuentro por su ubicación estratégica, sino porque son foco de atención al ser zonas comerciales, con mayores condiciones de seguridad, de interés político y presencia estatal.
Hoy en día, a pesar de que algunas familias han comenzado a regresar a su lugar de origen, no se puede considerar que haya habido un retorno definitivo de la población, por lo tanto, las familias que aún permanecen fuera de Bahía Portete se mantienen en estado de desplazamiento y vulnerabilidad. Las pocas que regresaron, aún continúan en el proceso de reaprehensión de sus tradiciones, celebraciones, encuentros sociales y órdenes legales luego del retorno. Es el caso de doña Flor quien se radicó en la zona periférica de Maicao durante los últimos nueve años hasta que regresó a Bahía Portete definitivamente. En su lugar, su sobrino Fidel, apropió la casa de bahareque como suya y hoy en día vive con su esposa e hijos mientras construye una nueva contigua en material de concreto. Es importante contar que el espacio donde se construyó la instalación –que enseguida se describe– queda en los predios de la propiedad de la familia lo que significa una extensión territorial de lo simbólico al lugar de origen.
El acto simbólico de reparación se basó en la construcción de ‘portales de luz' cerca de la frontera de Colombia y Venezuela. La arquitectura simple y rectilínea de los ranchos es reinterpretada al dibujar unas puertas abiertas al paisaje como planteamiento que reconfigura su silueta original. Los pliegues de las estructuras en madera funcionan como nuevas condiciones visuales para la geografía del lugar de intervención, el cual está caracterizado por aspectos desérticos de sequedad con presencia de acacias, cactus, arbustos espinosos y animales (chivos, ganado, perros, conejos y aves). También habitado por personas que viven en rancherías o asentamientos pequeños de clanes familiares y con presencia en el casco urbano.
![]() De esta forma, se abrió la frontera de manera simbólica, a manera de invitación a las familias desplazadas que aún viven en Maracaibo y otros lugares de la Baja y Media Guajira a que retornen a la zona Alta. También es un hecho artístico que llama a recuperar la memoria histórica del lugar y para no olvidar a las víctimas consecuencia de la toma paramilitar.
Los retratos a los sobrinos de doña Flor, muestra a seres arropados de luminosidad, de fuerza vital y alegría. Por ejemplo, las que antes eran cananas de balas ahora son de luz. Las fotografías de las puertas en medio del paisaje habitadas por las personas denota el momento exacto cuando los portales son cruzados, y las familias reparadas. La fotografía registra el momento de curación como metáfora.
El proyecto se titula ‘Ainküin’ que es ‘entre’ en wayuunaiki (guajiro), y significa entrar, pasar, continuar, cruzar. Puertas abiertas como invitación a seguir al mismo tiempo que la palabra ‘entre’ entendida como intermedio de dos mundos o lugares (Colombia y Venezuela) y diferentes momentos históricos (cultura centenaria Wayuu vs. presencia del Estado Colombiano). Para los pueblos indígenas de la Guajira, el territorio Wayuu desconoce de fronteras y divisiones limítrofes. ‘La raya’ como ellos llaman al paso fronterizo en Paraguachón es lo más cercano a una imposición política, estratégica y comercial por parte de las leyes de los estados colombo-venezolanos. Este hecho limita espacial y simbólicamente la presencia histórica, cultural y económica de los Wayuu en territorio guajiro. Por ello, construir una nueva ‘raya lumínica’ en medio del desierto es una manera utópica de romper esos límites e invitar a ver portales, pasos y otras dimensiones que deberían ser cruzados.
© Santiago Escobar Jaramillo Producción El acto lumínico fue temporal durante la noche del viernes, 16 de marzo de 2012 en Maicao, Guajira. Se construyeron puertas esculturales en madera recubiertas en todo su perímetro por cintas lumínicas LED BeeTri de color amarillo. Estas cintas se abastecieron de electricidad de una planta portátil conectada por cables. Los materiales utilizados permitieron que fueran los habitantes presentes y los productores del proyecto 'COLOMBIA, tierra de luz', quienes definieran la dinámica de iluminación. Durante la intervención los pobladores y visitantes expresaron sus emociones y pensamientos a través de la palabra, los gestos y el canto. La acción artística, el evento lúdico y los testimonios fueron registrados en fotografía y video por Santiago Escobar Jaramillo (autor del proyecto). También con la colaboración de registro, instalación y asistencia técnica de los fotógrafos Juan Felipe Olave y Lina Grisales Galetzo. Colaboración
© Lina Grisales Galetzo
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© Juan Felipe Olave




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